Nuestra historia real:
del conflicto a la conexión
Hace siete años decidimos independizarnos. Dejamos la casa de nuestros padres llenos de ilusión, con nuestro primer hijo en brazos, creyendo que empezar nuestra propia vida sería maravilloso.
Pero pronto descubrimos que convivir no era tan fácil como imaginábamos. Las diferencias comenzaron a aparecer. Cada uno tenía sus propias ideas sobre cómo debían hacerse las cosas, y cuando esas expectativas no se cumplían, llegaban las discusiones.
Lo más doloroso era discutir frente a nuestros hijos. Sabíamos que eso podía afectarlos, y aun así, no lográbamos detenernos. Nos amábamos, pero no entendíamos por qué no podíamos salir de ese ciclo.
Cuando llegó nuestra segunda hija y abrimos nuestro centro psicológico, las discusiones se hicieron más frecuentes y más duras. Empezamos a herirnos, a alejarnos, y el divorcio empezó a sonar como una opción real.
Decidimos pedir ayuda. Fuimos a varias terapias. Ninguna nos funcionó. Hasta que encontramos un enfoque distinto — uno que nos llevó a mirar adentro, no al otro.
Empezamos a trabajar en nuestras heridas emocionales, a reconocer nuestros detonantes y a ver cómo estábamos repitiendo los patrones de nuestras familias. Fue duro. Pero ese proceso nos permitió entendernos, aceptarnos y soltar las expectativas irreales que teníamos el uno del otro.
Poco a poco, el amor volvió a sentirse diferente: más maduro, más real, más libre. Y sanar en pareja también sanó a nuestra familia.
De todo ese proceso nació Estar del Mismo Lado™ — creado para acompañar a otras parejas que, como nosotros, aman pero no saben cómo dejar de herirse.